El pasado 10 de febrero medicusmundi Bizkaia y la Federación de Asociaciones Medicus Mundi de España visitaron Guatemala para el acto de cierre del proyecto Fortalecimiento de la gestión de salud menstrual y la reducción de enfermedades de origen hídrico en 13 municipios del Departamento de Sololá, apoyado por Fundación CSAI y AECID.

Una mesa de reflexión, en el evento de cierre en el Centro de Formación de la Cooperación Española en La Antigua.
El proyecto ha abierto caminos nuevos en el marco del derecho a la salud de niñas, adolescentes y mujeres y ha contado con la participación del Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social y del Ministerio de Educación de Guatemala, de 13 municipalidades de Sololá, redes de mujeres, comadronas, docentes y ONG. En el evento de cierre, que tuvo lugar en Antigua Guatemala, además de evaluar los resultados y hacer recomendaciones para seguir avanzando en el acceso al agua, al saneamiento y a la salud, se compartieron las lecciones aprendidas en Sololá con autoridades del Departamento de Petén.
También se compartió resumen ejecutivo del Diagnóstico Salud Menstrual e Hídrica en 13 Municipios de Sololá, realizado en el marco del proyecto. El informe completo incluye análisis detallados por municipio, mapeo exhaustivo de actores, evaluación específica de centros educativos y recomendaciones estratégicas identificadas. El estudio muestra como la disponibilidad de agua es limitada: oscila entre 1-4 horas diarias en todos los municipios, creando condiciones inadecuadas para la higiene menstrual. Esta escasez obliga a las mujeres a priorizar usos del agua, frecuentemente sacrificando su higiene personal.

Portada del resumen ejecutivo del diagnóstico de salud menstrual e hídrica.
Otra cuestión es la calidad del agua: solo 4 de los 13 municipios analizados realizan análisis bacteriológicos completos, mientras el resto se limita a medir cloro residual, insuficiente para detectar la contaminación por patógenos identificados en el diagnóstico. Únicamente 8 sistemas de agua en los municipios de Sololá y Concepción cuentan con certificación vigente, dejando a más del 85% de la población sin garantía de acceso a agua microbiológicamente segura.
Se ha documentado la presencia patógenos como Escherichia coli, coliformes fecales, Amebiasis, Giardiasis y Shigella en los sistemas de agua analizados y, aunque el sistema de vigilancia epidemiológica actual no permite establecer relaciones causales directas, la presencia de estos patógenos coincide con altas tasas de enfermedades ginecológicas en la población femenina. Los servicios de salud reportan enfermedades claramente vinculadas a la calidad del agua, incluyendo diarreas, amebiasis, giardiasis, infecciones intestinales bacterianas y shigelosis. Paralelamente, se registran múltiples casos de afecciones ginecológicas como vaginitis y otras infecciones del tracto reproductivo.
A pesar de que sufren estas afecciones y de que son las principales usuarias del agua para higiene personal y familiar, la participación de mujeres en la gestión del agua es mínima o nula en la mayoría de estos municipios.
El diagnóstico también revela que las escuelas fallan sistemáticamente en proporcionar educación menstrual. La familia nuclear constituye la principal red de apoyo (mencionada por el 100% de participantes), sobre todo las madres y las hermanas.
Los talleres participativos sobre salud menstrual con adolescentes revelaron que el miedo y la desinformación marcan la experiencia menstrual adolescente en los 13 municipios. La ausencia de protocolos escolares y la débil coordinación interinstitucional para atender emergencias menstruales, combinada con infraestructura inadecuada y mitos arraigados, convierte un proceso biológico natural en fuente de trauma y vergüenza. La preocupación constante por mancharse o la modificación de rutinas diarias representan una carga invisible que afecta el desarrollo de las mujeres. Esta realidad, invisible en los datos institucionales pero palpable en las voces adolescentes, perpetúa ciclos de ausentismo escolar y desigualdad de género que requieren intervención educativa.
El trabajo con adolescentes también evidenció que, al generar espacios seguros, informativos y vivenciales con metodología adaptada al contexto intercultural, se logra fortalecer no solo conocimientos sino también la confianza y capacidad crítica de adolescentes. La alta receptividad demostrada por los más de 240 participantes confirma que la juventud está dispuesta a romper tabúes cuando se les brindan las herramientas adecuadas, sentando las bases para una transformación social profunda y sostenible en torno a los derechos sexuales y reproductivos.

«La salud menstrual es una responsabilidad de todas y todos». Ilustración para el proyecto sobre salud menstrual.













