Haizea Prados
En Guatemala, como en muchas partes del mundo, la menstruación sigue siendo un tema envuelto en estigmas, mitos y silencios. A pesar de ser una función biológica natural que afecta a aproximadamente la mitad de la población mundial durante gran parte de sus vidas, aún se trata como algo privado, incluso vergonzoso. Esta percepción limita el acceso a derechos fundamentales y afecta de forma directa la salud, la educación, la dignidad y la participación plena de las personas menstruantes.

Materiales de capacitación sobre salud menstrual. Beltrán, Y. (2022): Cuadernillo de Salud e higiene menstrual. Universidad Austral de Chile.
La salud menstrual: más que productos de higiene
Hablar de salud menstrual va mucho más allá de garantizar el acceso a toallas higiénicas o tampones. Es un concepto integral que abarca el manejo seguro, cómodo y libre de dolor y estigmas del ciclo menstrual, en condiciones de dignidad, privacidad e información. Implica también el acceso a agua potable, instalaciones higiénicas, educación en salud sexual y reproductiva, y un entorno libre de discriminación.
La Organización Mundial de la Salud (OMS), en el panel de discusión sobre Manejo de Higiene Menstrual, Derechos Humanos e Igualdad de Género que se celebró durante el 50° periodo de sesiones del Consejo de Derechos Humanos (2022), destacó que la salud menstrual debe dejar de entenderse como un asunto meramente higiénico para reconocerse como un tema de salud pública y de derechos humanos. Esto incluye su vínculo con el derecho a la salud, la educación, la igualdad de género y una vida libre de violencia.
La pobreza menstrual: un fenómeno multidimensional
La pobreza menstrual no solo se refiere a la carencia de productos adecuados. También incluye la falta de acceso a información confiable, infraestructura sanitaria, educación y apoyo institucional. En Guatemala, muchas mujeres y niñas deben elegir entre adquirir productos menstruales o alimentos básicos. El precio de un paquete de toallas higiénicas oscila entre 10 y 27 quetzales (1,20 a 3,30 euros), mientras que los tampones pueden superar los 57 quetzales. Para quienes viven con menos de un dólar al día, que es más del 16% de la población según datos del Instituto Nacional de Estadística (2024), esta es una elección imposible.
Frente a esta realidad, muchas recurren a métodos inseguros como trapos viejos, papel de periódico o cartón, aumentando el riesgo de infecciones. En contextos como los centros penitenciarios, la situación es aún más crítica: las mujeres dependen de lo que sus familias puedan llevarles o de intercambios dentro del centro penal.
Además, la pobreza menstrual tiene un impacto directo en la educación. Según el estudio “Retos e Impactos del Manejo de Higiene Menstrual para las Niñas y Adolescentes en el Contexto Escolar” de UNICEF Perú (2022), el 35% de las niñas faltan entre uno y cuatro días al mes al colegio por dolores menstruales no atendidos o por falta de insumos adecuados, y el 95% reporta sentir incomodidad o vergüenza durante esos días. Esta ausencia recurrente afecta su rendimiento académico, autoestima y permanencia escolar, y muchas veces contribuye al abandono. En el ámbito laboral, menstruar sin condiciones adecuadas puede generar estrés, dolor, ausencias injustificadas o automedicación.
A esto se suma la falta de información. Muchas niñas no saben qué es la menstruación cuando la experimentan por primera vez. En diversas comunidades, persisten creencias religiosas y culturales que califican a las mujeres como impuras durante su ciclo. Se les prohíbe cocinar, asistir a ceremonias o trabajar en el campo, lo que refuerza el aislamiento y la discriminación.
Una problemática interseccional
Hablar de menstruación digna en Guatemala implica también reconocer la profunda desigualdad estructural que atraviesa al país y que afecta de manera desproporcionada a las mujeres y personas menstruantes indígenas, particularmente mayas. Aunque Guatemala es clasificado como país de ingreso medio-alto, más del 56% de su población vive en condiciones de pobreza, y el 16.2% en pobreza extrema (INE, 2024). Esta precariedad no se distribuye de manera equitativa: se intensifica en los territorios rurales, donde históricamente el acceso a recursos básicos ha sido limitado por políticas centralistas.

Taller con comadronas sobre derechos a la salud y salud menstrual en el centro de salud de San Antonio Palopó. CPDL
El 41.7% de la población guatemalteca se identifica como maya. Sin embargo, las personas indígenas continúan enfrentando múltiples formas de exclusión que impactan directamente en su salud menstrual. En muchas comunidades, hablar de menstruación sigue siendo tabú, una situación que no se debe únicamente a tradiciones culturales aisladas, sino a la colonización del conocimiento, que ha deslegitimado sistemáticamente las prácticas, lenguas y saberes ancestrales. Esta desconexión entre las políticas públicas y las realidades culturales de los pueblos indígenas ha reforzado un modelo asistencialista, que no dialoga con las cosmovisiones locales.
La falta de acceso a agua potable y saneamiento es otro factor crítico. En territorios rurales indígenas, las brechas de infraestructura son abismales: apenas una de cada cinco escuelas cuenta con espacios adecuados para desechar productos menstruales. Esta carencia, sumada a la desinformación y a la estigmatización, limita la participación escolar de las niñas y adolescentes mayas y afecta su derecho a una educación continua y sin interrupciones.
medicusmundi Bizkaia por la salud menstrual
En este contexto, desde medicusmundi Bizkaia, junto al Colectivo Poder y Desarrollo Local (CPDL) y en colaboración con la Fundación Estatal, Salud, Infancia y Bienestar Social y la AECID, impulsamos un proyecto integral para fortalecer la salud menstrual en Guatemala, centrado en 13 municipios del departamento de Sololá, con aprendizajes transferibles al departamento de Petén. Estos proyectos sobre salud menstrual, agua y saneamiento también tienen el apoyo del Ayuntamiento de Gernika-Lumo y del Fundación Reparto Solidario. Estas intervenciones tienen un enfoque doble:
1. Fortalecer la gestión comunitaria e institucional de la salud menstrual.
2. Reducir enfermedades de origen hídrico mediante el acceso a agua segura, saneamiento digno y educación en higiene.
Para ello, algunas de las acciones clave de los proyectos son:
● Diagnóstico participativo sobre conocimiento, accesibilidad a productos, infraestructura y percepciones culturales.
● Espacios seguros en escuelas y centros de salud para que niñas y adolescentes hablen de salud menstrual, prevención de violencia y embarazo adolescente.
● Capacitación a mujeres organizadas, comadronas y docentes para que actúen como multiplicadoras de conocimientos.
● Entrega de kits de higiene menstrual, culturalmente adecuados, promoviendo productos sostenibles y reutilizables.
● Trabajo con niños y adolescentes varones para romper estigmas desde la infancia.
● Mejora de infraestructura WASH (agua, saneamiento e higiene) en escuelas, con espacios seguros y privados.
● Fortalecimiento de la coordinación interinstitucional entre municipalidades, MSPAS, MINEDUC y sociedad civil.
● Promoción del liderazgo femenino en comités comunitarios de agua, fomentando su participación en tareas técnicas como fontanería y mantenimiento de sistemas hídricos.
También en África y Bizkaia
La salud menstrual no es algo que solo hemos tratado en Guatemala. Recientemente también impulsamos un proyecto sobre salud menstrual en la RDC junto a la asociación UWEZO Africa Initiative. Gracias al Ayuntamiento de Durango, pudimos tener una primera y positiva experiencia con esta asociación, que hace una labor cultural y educativa importante principalmente en Kivu Sur. Llevaron este tema a los Clubes Maisha («maisha» significa «vida» en swahili), espacios para niñas donde se les informa y donde intercambian opiniones e inquietudes sobre Salud Sexual y Reproductiva y género. Las sesiones del Club son cada dos semanas y Uwezo las realiza en ocho colegios. Además de sensibilizar sobre el manejo de la higiene menstrual, se proporcionaron kits apropiados (un pequeño cubo, ropa interior y toallas higiénicas lavables) para que las niñas, jóvenes y adolescentes se sientan cómodas en clase. Y además, se hizo incidencia con autoridades públicas, incluidas las sanitarias, para mejorar la salud de niñas y mujeres en Kivu Sur. Así mismo, se habló de salud menstrual con periodistas y comunicadoras. Aunque se haya acabado el proyecto, vemos que UWEZO sigue comprometida con sensibilizar sobre la menstruación y para este 28 de mayo, Día de la Higiene, Salud y Dignidad Menstrual y Día Internacional de Acción por la Salud de las Mujeres, han hecho una campaña con mensajes creativos como «que el rojo no te sonroje», «por un mundo que respete las reglas» o «hablemos de las reglas, rompamos los tabús». En Ruanda, también estamos analizando en varias escuelas la situación de la perspectiva de género, la higiene menstrual y el derecho al agua y al saneamiento. Además, las cooperativas con las que trabajamos también producen compresas y bragas reutilizables.
Realizar estos proyectos en Centroamérica y África también nos hace pensar sobre cómo se trata la salud menstrual en las escuelas de Bizkaia. ¿Se habla en las escuelas de Euskadi de salud menstrual? ¿Cómo se verían las actividades y los kit que entregamos en Guatemala y Congo aquí? ¿Qué imaginario crean las publicidades de tampones o compresas? ¿Es sostenible o ideal basar la higiene menstrual en productos de usar y tirar? ¿Es la copa menstrual una alternativa para todas? ¿Qué saben y cómo actúan los hombres? ¿Cómo se vive la menstruación desde las diversidades sexuales y de género? Según una encuesta en la que han participado cerca de 2.500 mujeres de Euskadi, en lo relativo a la menstruación, un 45% de las mujeres manifestó haber percibido de manera negativa la llegada de la primera regla y un 70% de las encuestadas admitió hacer uso de diferentes remedios para paliar los dolores de la regla. Estamos conociendo propuestas educativas, sanitarias, artísticas y sociales en torno a la menstruación y es un tema más dónde vincular experiencias y aprendizajes de Bizkaia, Centroamérica y África podría ayudarnos a seguir construyendo un mundo más sano.
Romper el silencio que rodea a la menstruación no es solo una cuestión sanitaria, es un acto profundamente político. Nombrarla, hablarla y visibilizarla en las aulas, en los hogares y en las instituciones, es una forma de empoderamiento y transformación social. Como bien señala el feminismo: lo personal es político. Y la menstruación como vivencia corporal, emocional y social, es una expresión contundente de esta verdad.
Fuentes consultadas
https://www.aecid.es/w/higiene-y-salud-menstrual-ya-no-son-tabu-en-las-escuelas-rurales-de-guatemala
https://www.plazapublica.com.gt/politica/ensayo/hablemos-de-la-pobreza-menstrual
https://www.rudagt.org/temas/la-higiene-menstrual-una-deuda-pendiente-con-la-adolescencia
https://www.unicef.es/noticia/dia-de-la-higiene-menstrual
https://ongawa.org/wp-content/uploads/2025/01/ONGAWA-informe-salud-menstrual_2025.pdf
https://www.globalcitizen.org/es/content/period-poverty-everything-you-need-to-know/
https://www.rudagt.org/temas/la-salud-menstrual-es-un-derecho-humano
https://www.rudagt.org/temas/tres-generaciones-rompen-los-mitos-de-la-menstruacin
https://www.rudagt.org/temas/menarquia-la-llegada-de-nuestro-sper-poder
https://www.rudagt.org/temas/un-nuevo-captulo-en-la-historia-menstrual-de-guatemala














