Mujeres congoleñas como agentes de cambio

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A raíz del 10 de diciembre, Día de los Derechos Humanos, Manimani Iragi, estudiante de Medicina en Bukavu (RDC), contaba a nuestra socia SPR que “en la práctica, no se respetan los derechos humanos: el derecho a la vida privada (se comparten fotos de chicas jóvenes en redes sociales sin su consentimiento), a la educación (el 55% de la población no ha tenido acceso a la educación, sobre todo en zonas rurales), al trabajo equitativo (trabajos mal remunerados), a la libertad de expresión (a algunas mujeres no se les permite hablar en asambleas)… hay mucho trabajo que hacer”. “Ignorar los derechos contribuye inevitablemente a que no se respeten; hace falta educación, sensibilización”, concluía.

Mujeres de FAMEK durante una videollamada que conectó a Bizkaia con Ruzizi.

El 10 de diciembre también termina la campaña de los 16 días de activismo que celebran tantas organizaciones feministas y que inicia el 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Al igual que SPR, la asociación FAMEK (Asociación de Cooperación al Desarrollo de Mujeres Kongovascas), realizó 16 días de activismo, esta vez bajo el lema “Luces que rompen el silencio”, con el objetivo de visibilizar violencias silenciadas y con la consigna “Vivir sin violencia debe ser un derecho real, no un privilegio”.

A través del proyecto “Ni brujas ni meras víctimas: promoción y protección del liderazgo de las mujeres de la Llanura de Ruzizi (RDC) en la lucha contra las Violencias Basadas en Género” de medicusmundi Bizkaia, financiado por la Diputación Foral de Bizkaia, FAMEK y SPR han realizado conjuntamente una investigación: “Resiliencia y liderazgo de mujeres congoleñas en Ruzizi (RDC) y Bizkaia. Desmantelando el imaginario colectivo revictimizador y dando voz a estrategias de lucha contra violencias de género”.

La investigadora principal ha sido Marie Lucia Monsheneke, que lleva más de 14 años en Bilbao y es la presidenta de FAMEK. Su madre es médica, ella también empezó a estudiar la carrera en RDC, continuó como oyente en EHU y hoy trabaja como gerocultora; además, ha seguido formándose, ha sido voluntaria en varias ONG y es una agente comunitaria en materia de igualdad y migración, tanto que el Ayuntamiento de Bilbao la premió en el Reconocimiento de las Mujeres Migradas Bilbaínas: “me gusta dedicarme a las personas”.

Mujeres de Kamanyola durante el proceso de investigación.

Durante la investigación, han entrevistado a 27 mujeres congoleñas, a 15 que habitan en Bizkaia y a 12 que viven en la llanura de Ruzizi (5 en Runingu y 7 en Kamanyola). “El este del Congo es una región de extraordinaria riqueza natural y diversidad cultural”, por lo que se ha hecho un esfuerzo de interpretación y mediación entre swahili, lingala, francés y castellano para garantizar una representación fiel de los testimonios. Además de las entrevistas y de encuestas, las mujeres realizaron un trabajo conjunto de aprendizaje y enriquecimiento mutuo a través de encuentros virtuales.

Hablaron de violencia sexual, desplazamiento forzado, falta de acceso a educación, impunidad de agresores, trauma por conflictos armados, desestructuración familiar, inseguridad en los desplazamientos, falta de acceso a salud, violencia psicológica, restricciones culturales sobre liderazgo femenino, exclusión social, aislamiento social, racismo institucional, redes comunitarias de salud, organización familiar, educación informal, denuncia comunitaria, apoyo psicológico, redes de apoyo comunitarias, coordinación de vigilancia comunitaria, espacios de empoderamiento, mentoría, salud sexual y reproductiva, protección de niñas y mujeres vulnerables, nuevas lideresas, y mucho más. Y de crear un imaginario positivo de mujeres congoleñas.

Porque las narrativas dominantes suelen reducir a las mujeres africanas a víctimas sin voz, lo que perpetúa su invisibilidad y dificulta su acceso a derechos, reconocimiento y recursos. Es necesario impulsar representaciones que reflejen su dignidad, creatividad y fuerza, que las muestre como lideresas, creadoras de paz, educadoras, emprendedoras y guardianas del tejido comunitario.

La investigación ya está disponible en la web de medicusmundi.

“En Ruzizi, mujeres que han sobrevivido a la violencia sexual en el marco del conflicto armado han logrado organizarse para denunciar estos crímenes ante instancias nacionales e internacionales, rompiendo así el silencio impuesto por el estigma”. “En Bizkaia, mujeres migradas congoleñas han creado espacios de empoderamiento”. “En las encuestas grupales, la solidaridad femenina se repitió como el elemento más valorado para afrontar las violencias vividas y la migración”. Son solo algunos de los ejemplos de resiliencia. Porque las mujeres congoleñas también son agentes de cambio.

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