«Estamos llevando la atención a comunidades rurales que normalmente no son tomadas en cuenta»

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Bernardo López, encargado del proyecto «Promoción de la soberanía alimentaria y prevención de la desnutrición en la niñez en 7 comunidades rurales de Coatepeque, Guatemala», realizado por medicusmundi Bizkaia junto a Hijas de San José Obrero, con el apoyo del Ayuntamiento de Getxo, conversa con Gonzalo Larreategui, de la radio Vinilo FM.

Puedes escuchar la entrevista aquí, en el programa Ondas de Solidaridad, a partir del minuto 21.

¿En qué consiste exactamente el proyecto?

Esto no es un proyecto aislado, sino parte de un proceso que lleva años en marcha. Iniciamos trabajando procesos de formación con jóvenes en educación integral en sexualidad, prevención de embarazos en adolescentes, género, prevención de violencia, masculinidades y derechos humanos. Fuimos introduciendo el tema de la desnutrición porque nos dimos cuenta de que, en las comunidades rurales, esta es una situación bastante difícil.

Actualmente, hemos fortalecido el trabajo en nutrición de niñas y niños menores de cinco años en siete comunidades rurales de Coatepeque, dando seguimiento a 20 niños por comunidad mediante el monitoreo periódico de su peso. Para ello, brindamos capacitación a las madres sobre nutrición, higiene y preparación de alimentos, y apoyamos con vitaminas y alimentos complementarios a los niños que lo necesitan. También identificamos a los niños que requieren atención especializada para facilitar su referencia a los servicios de salud correspondientes.

Una de las estrategias que estamos implementando es un pilotaje de cultivo de hongo ostra con cinco madres que producen este alimento en sus propias casas. Además de aprender sobre la siembra y los cuidados del cultivo, las madres reciben capacitación sobre la transformación de alimentos y las distintas formas de incorporar el hongo a la dieta familiar. Buscamos que las familias puedan consumirlo con mayor frecuencia como parte de una alimentación variada y contribuir así a mejorar la nutrición infantil. También continuamos apoyando a las madres con semillas de hortalizas, como pepino, tomate y chipilín, para favorecer la disponibilidad de alimentos en sus hogares.

Este trabajo se complementa con otras acciones que como organización Hijas de San José Obrero se han venido desarrollando desde hace años, como la entrega de estufas ahorradoras de leña y ecofiltros. Las estufas permiten reducir el consumo de leña y, al disminuir la exposición al humo, pueden contribuir a reducir los riesgos de infecciones respiratorias, especialmente en la niñez. Por su parte, los ecofiltros ayudan a mejorar la calidad del agua para el consumo humano, algo importante en comunidades donde las familias no cuentan con acceso a agua potable y dependen únicamente de agua de pozos familiares.

Todas estas acciones se complementan, porque la nutrición infantil también está relacionada con las condiciones de higiene, el acceso a agua segura y la salud de las familias.

La nutrición infantil ha ido cobrando mayor importancia dentro del proyecto, pero los temas de salud sexual y reproductiva y género siguen siendo transversales, porque forman parte del trabajo integral que desarrollamos con las comunidades.

¿Cómo de importante es la ayuda de la cooperación?

Los fondos que el Ayuntamiento de Getxo aporta para trabajar acá son muy importantes, y es de agradecer que nos tomen en cuenta, considerando que en nuestro país hay muchos problemas sociales, como la delincuencia, la trata de personas y otras situaciones que afectan a la población. La desnutrición y los embarazos en adolescentes también son problemas que necesitan atención.

Como organización Hijas de San José Obrero, en coordinación con Medicus Mundi Bizkaia hemos venido trabajando para acercar la atención y la educación en salud a las comunidades rurales, que muchas veces no reciben los servicios que necesitan.

Estos recursos nos permiten llegar a las aldeas, realizar el monitoreo de los niños menores de cinco años y trabajar con sus madres en temas de alimentación, nutrición e higiene. También hacen posible adquirir materiales e insumos para el cultivo de hongo ostra, preparar los espacios de producción en los hogares, capacitar a las madres y dar seguimiento técnico a las familias.

Este acompañamiento requiere recursos para los materiales, las capacitaciones, los desplazamientos y las visitas de seguimiento. Sin ese apoyo sería muy difícil mantener el trabajo en las comunidades y desarrollar nuevas alternativas para fortalecer la nutrición infantil. Por eso, el apoyo de la cooperación es fundamental y necesario para dar continuidad a los procesos y responder a las necesidades de estas familias.

Desde que comenzó el proyecto, ¿qué se ha mejorado?

Como organización también hemos ido mejorando y aprendiendo de las experiencias. Al principio, realizábamos el monitoreo de peso, entregábamos algunos alimentos complementarios y proporcionábamos semillas de hortalizas que podían ayudar a mejorar la nutrición. Sin embargo, vimos que la siembra de semillas era un poco difícil: algunas germinaban y otras no. Después intentamos entregar plántulas y árboles frutales, pero tampoco resultaron ser la alternativa más funcional para las necesidades de las familias.

Desde el año pasado comenzamos a innovar con el cultivo de hongo ostra. Investigamos la experiencia de CPDL, nuestra organización socia en Sololá, que tiene varios años trabajando con este cultivo. Aunque en Coatepeque tenemos condiciones climáticas diferentes, realizamos una primera experiencia comunitaria y obtuvimos una producción favorable.

En ese primer pilotaje participaron diez madres que se organizaban para cuidar los hongos, mantener la humedad y realizar el monitoreo. Sin embargo, el trabajo requería que se desplazaran constantemente hasta el lugar de cultivo, lo que representaba tiempo, esfuerzo y algunas dificultades familiares. Además, al repartir la cosecha entre todas, la cantidad que recibía cada madre era limitada.

Por eso, este año cambiamos la modalidad y seguimos trabajando mediante un pilotaje, ahora con cinco madres que cultivan el hongo ostra en sus propias casas. El proyecto ha facilitado los materiales e insumos para preparar las galeras y establecer los cultivos. Esto permite que las madres cuiden la producción sin tener que desplazarse a otro lugar y facilita el seguimiento de los hongos.

También hemos observado algo importante en materia de género: en algunos hogares, los esposos están apoyando a las madres en la construcción de las galeras y, en ocasiones, en el cuidado de los hongos cuando ellas no pueden hacerlo. Aunque no ocurre en todas las familias, esta participación es significativa porque promueve una mayor corresponsabilidad en las tareas familiares y permite involucrar a los hombres en las iniciativas que contribuyen a la alimentación y al bienestar de sus hijos.

Esperamos que esta nueva modalidad permita mejorar la producción y que las familias tengan mayor acceso al hongo para incorporarlo con más frecuencia a su alimentación. Sabemos que consumirlo ocasionalmente no es suficiente para generar un cambio importante en la dieta; por eso, estamos promoviendo su consumo como parte de una alimentación variada. Aun así, este sigue siendo un pilotaje y estamos evaluando sus resultados para determinar si es una alternativa viable.

También hemos fortalecido las capacidades de los animadores comunitarios, quienes ahora cuentan con más herramientas para realizar el monitoreo y compartir los conocimientos con mayor confianza y compromiso.

En definitiva, hemos ido aprendiendo de cada experiencia y adaptando nuestras estrategias a las necesidades de las familias. La idea es que las madres tengan más herramientas para contribuir a la nutrición de sus hijos y que las comunidades cuenten con mayores capacidades para cuidar la salud de la niñez.

 

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