“Pasar por la casa hogar transforma”

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Itziar Otxoa Ortega (Portugalete, 1969) lleva gestionando entidades del sector naviero más de tres décadas. Es madre de tres hijos y, desde que realizó un voluntariado en Guatemala de la mano de medicusmundi Bizkaia, también es “Seño Itzi”. Así le llaman las madres adolescentes de la Asociación La Alianza (ALA), con quienes sigue colaborando.

ALA ofrece una atención integral y con enfoque de género, de manera tanto residencial como ambulatoria. Todas las personas que ingresan a La Alianza lo hacen por orden de los Juzgados. En los diversos centros atienden a niñas, niños y adolescentes de 12 a 18 años a los que les han vulnerados en sus derechos, especialmente, han sido víctimas de los delitos de violación y trata. También ofrecen protección y atención integral a niñez y adolescencia en situación de migración. Y a las hermanas pequeñas de las residentes cuando están en riesgo social. Y a niñas y adolescentes madres y sus hijas e hijos: Itziar estuvo con ellas dos semanas en Ciudad de Guatemala.

¿Qué te ha llevado ser voluntaria?

Mi maternidad. Después de mi periodo de crianza, entendí que es crucial un acompañamiento cercano. Por momentos, muchas madres nos podemos sentir desbordadas, con soledad en el postparto, con falta de apoyo mutuo, rodeadas de falsas creencias o señaladas por determinadas prácticas de crianza.

Mi motivación hoy en día es seguir desarrollando mi sensibilidad como mujer, aprendiendo, acercándome a conocer el contexto y las experiencias de todo tipo de maternidades y su acompañamiento, siempre en situaciones no normativas o que luchan sin tener privilegios sociales, económicos, educativos.

“Todo bebé necesita que un adulto se vuelva loco de amor por él» (D.W. Winnicott, pediatra)

Esta frase lo dice todo. Se necesitan apoyo, conocimiento, espacios de escucha para gestionar el estrés, los cambios emocionales y fortalecer el vínculo temprano con el bebé. Saber qué es  la matrescencia: al convertirse en madre las mujeres experimentan una profunda transformación física, mental y emocional. El cerebro de las mujeres experimenta cambios anatómicos desde el comienzo del embarazo, y vuelve a tenerlos tras dar a luz. Antes no había tanta evidencia respaldada por la neurociencia.

Me sigo formando, he realizado formaciones en el  Instituto Europeo de Salud Mental Perinatal; Ibone Olza es una referente para mí. Como ella nos indicó, la gran labor pendiente es acompañar a las madres en situación de vulnerabilidad.

La información es importante porque responde a una necesidad de entender o de vincularse. Y muchas mujeres no tienen acceso a esa información. Por ejemplo, dar el pecho a tu bebé es duro, no duermes, no descansas. Pero si tú sabes los beneficios que a nivel científico aporta al bebé, a ti y al vinculo, entiendes y te conectas de manera diferente con el proceso.

Has realizado voluntariados en India, Benin y también en Bilbao. ¿Qué te han aportado esas experiencias? 

En Benin compartí el apoyo al emprendimiento con la gestión de  los microcréditos. Se entregan sumas de dinero reducidas (a veces menos de 50€) adaptadas al negocio local. Las mujeres, todas ellas madres, al generar sus propios ingresos, invierten de manera directa en el bienestar de los hijos, la alimentación, la educación, y también hay un trabajo de  empoderamiento. Acompañando a las madres mejoras el bienestar de los hijos.

Hay un proverbio africano que dice que para criar un niño hace falta una tribu entera, fue precioso verlo. Y ahí me surgió la pregunta, ¿y yo por qué no voy a formar parte de esta tribu?, aportar mi granito de arena apoyando a madres en situaciones de fragilidad.

Itziar con el grupo de mujeres Torre de Babel. Fundación Ellacuria 

Porque una cosa es viajar y puntualmente compartir un tiempo y un espacio en un proyecto. Pero, en el día a día, ¿Qué podría hacer desde aquí?. Leí sobre el proyecto Torre de Babel, que es un grupo en Bilbao, un espacio seguro, donde se facilitan procesos de empoderamiento colectivo e individual a mujeres migradas. Se generan dinámicas de ayuda mutua y sororidad e intercambio de saberes. Es además un espacio donde trabajamos el conocimiento de nuestros derechos, su reivindicación, y con qué alianzas contamos para defenderlos. Llevo ya dos años y medio en el grupo; he aprendido muchísimo y, de momento, no tengo ninguna intención de dejar de compartir con ellas.

¿Qué nos puedes decir sobre mujeres migradas y su acceso a la salud?

Una mujer migrante pobre enfrenta una alta vulnerabilidad social y económica. Hay que  entender su precariedad laboral, gran parte de ellas se dedican al cuidado de personas dependientes, y si no consiguen una persona para ser sustituidas en su horario laboral no pueden acudir a la consulta médica. Es complicado.

Además, muchas están en situaciones irregulares, en este caso surge el miedo a la deportación, algunas mujeres creen que los datos médicos llegan a la policía o de que serán denunciadas. Casos de embarazo, violencia de género o salud sexual quedan a veces sin tratar por miedo al sistema.

Por otro lado está el duelo migratorio, afecta muchísimo la salud mental,  a menudo se invisibiliza, se confunde con depresión.

¿Cómo ha sido tu experiencia en Guatemala?

Ha sido mi primera vez en Centroamérica y nunca imaginé que la experiencia fuese tan enriquecedora. Yo estuve con las madres adolescentes, exclusivamente, doce mamás y sus bebés. También conocí a otras niñas, pero mi tiempo lo dediqué en la cabaña de las madres. Temía vivir  el rechazo de alguna madre a su bebé, pero no vi ningún caso así: todas aman a sus bebes y quieren ser las mejores madres.

La mayoría de las madres con las que me relacioné llevaban más de un año en la casa hogar, me di cuenta de la diferencia  entre las adolescentes que ya habían pasado un tiempo en La Alianza y las que acababan de ingresar. Eso demuestra la labor esencial que todos ellos hacen a nivel de sostén emocional. Pasar por esta casa hogar transforma.

Fueron súper cariñosas conmigo y enseguida me integré. Conté con todo el apoyo del equipo de La Alianza y también me dieron la libertad de actuar,  realizar dinámicas de grupo, ver películas, danza  consciente, cocinar.

Durante el tiempo que las mamás están estudiando, ya que siguen con su educación, los bebés se quedan en el Centro de Atención Integral en Primera Infancia (CAIPI). Había bebés de tres añitos, de pocos meses, y hasta de 15 días. Traté de  pasar el mayor  tiempo posible al aire libre  con los ellos, jugando, explorando,  cogiendo  hojas,  bichos, agua, tierra. Su felicidad al verte es el reflejo directo del cariño que reciben .  Uno de esos días, sentada en el sofá de la cabaña rodeada de los niños, recuerdo que una mama me dijo “Seño Itzi, ¡cuánto te quiere mi hijo! ”. La verdad que lo disfruté mucho, estuve mucho tiempo con ellas, cenaba con ellas, si podía bañaba a algún bebe.  A eso fui.

Una dinámica de Itziar con las madres adolescentes y sus bebés.

En esos momentos en la cabaña solíamos hablar de la magia del embarazo, poníamos la canción “Cuando nace un bebé, nace una madre” (de Perota Chingó)…  Es importante entender la crianza respetuosa y la protección del vínculo en la primera infancia, el bienestar del bebé está profundamente conectado con la salud física y emocional de la madre.

Me acuerdo de una de las niñas que, después de estudiar todo el día, estaba dando el pecho a su bebé de 18 meses. Pensando en  sus circunstancias, tenía 16 años, fue madre en una situación de violencia , y ver el vínculo que tenía con su bebé me llenó de mucha ternura. Le dije lo que sucedía cada vez que daba el pecho a su hija “ella se está enamorando de ti”. Y recuerdo su  gran sonrisa, de verdad?.  Buscamos en el ordenador información  sobre  la oxitocina,  la lactancia, etc. Para ella ese momento fue un gran aprendizaje y se sintió muy valiosa.

También traté de trabajar con ellas la sororidad. Lo hicimos con la música que a ellas les gustaba, poníamos el momento del concierto de Karol G cediendo su protagonismo para  que Amaia Montero subiese al escenario tras años alejada por depresión. Comprender que apoyarse las unas a las otras es clave.

A pesar de sus circunstancias, tienen derecho a   formarse, ilusionarse, a confiar. Hay alguna que no va a poder volver a su entorno, pero que seguramente vaya a la universidad. Hay niñas súper inteligentes, con muchísimo futuro.

Me llevo la alegría y la valentía de las madres adolescentes.

¿Qué te ha parecido el trabajo de La Alianza?

Medicusmundi me explicó antes de viajar cómo era la gestión de la casa hogar y compartieron su experiencia, me dijeron que se respiraba mucho amor, y así es exactamente. El trabajo de protección a las niñas, la prevención, la formación y el apoyo en salud mental —incluyendo la psicoterapia semanal— es esencial para que recuperen una vida digna y libre de violencia.

Teatro de sombras de La Alianza

Tuve la oportunidad de acompañar a las trabajadoras sociales en la investigación que realizan cuando ingresa una menor. Acudimos al pueblo de origen de la niña, conocimos su contexto, conversamos con sus vecinos y familiares, y comprendimos los motivos que la llevaron hasta la casa hogar.

También pude acompañar a una niña con su bebé en su proceso de reintegración familiar, lo cual me ofreció una perspectiva mucho más amplia de su realidad. Ver a una menor dejar un entorno tan protegido, seguro y afectuoso como La Alianza para regresar a contextos de extrema pobreza es desgarrador, pero es una experiencia necesaria para comprender a la niñas.

No puedo no mencionar el día que tuve la oportunidad de ver la obra de teatro de sombras, ver a las niñas actuar, usando el arte y la expresión corporal con luces y siluetas como una herramienta de sanación, expresión creativa, superación y esperanza, fue conmovedor. La Alianza les entrega valiosas herramientas para gestionar su futuro.

Taller de la escuela de madres, con Nora Lejarza, de cassiopeia visuals

¿Cómo has seguido colaborando con ALA?

En la casa hogar cuentan con una Escuela de madres. Desde aquí, en coordinación con la responsable en Guatemala, hemos realizado algunos talleres. Tales como, prevención  de adicciones,  sesiones sobre cómo venimos diseñadas biológicamente para vincularnos con nuestros bebés.

En el último taller contamos con  la participación de Nora Lejarza, una  joven de Bizkaia creadora del cortometraje “Ancestras”.  El objetivo  fue reflexionar y compartir sobre los temas principales del corto como la autosuficiencia, la independencia y el valerse por nosotras mismas. Nora cree  firmemente en sus  sueños, una actitud que también compartieron las niñas de Guatemala, una sueña con tener su propia pastelería, otra  con convertirse en  abogada….

En el próximo  taller trabajaremos la lactancia,  contamos con Cruz Noguera quien ha escrito e ilustrado “ Teta”, el acto de amamantar,  y nos contará cómo, en todos los continentes y culturas, dar el pecho es un ritual sagrado de amor, paz, calor y consuelo más allá de la propia nutrición.

Intentamos hablar de cuestiones que les interesen y que les aporten , que conozcan  otras culturas, otras mujeres.

El grupo de madres va cambiando: algunas de las madres que conocí ya no están en la casa y llegan otras niñas. Como las sesiones son online, tenemos los problemas de red, no es lo mismo que estar con ellas.  Me gustaría volver.

 

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